LXIII Edición: Temporada de lluvias

Desde el jardín

Unas caen, otras buscan el sol, las demás se arremolinan. Su vecino está erguido, fuerte, robusto. Detrás de ellos aparecen imponentes esparcidas por el aire las anchas alas de la Palmera que le dan marco a este carnaval de verdes.

Vamos despacio, si no, el ojo no registra este abigarrado y multicolor espectáculo.

– Esa de ahí, ¿cuál es?
– Esa es una Orquídea.
– ¿Y aquella?
– Una Dalia.
– ¿Y éste?
– Un Lirio.
– ¿Y el que está al lado del Lirio?
– Ése, ése es un pensamiento.

Adelantémonos un poco, cubrámonos con la sombra de este Nogal que el sol está muy fuerte.

– Mira esas de color lila, ¿sabes qué son?
– Equináceas.
– ¡Qué bellas!
– Pero además de bellas son buenísimas para curar infecciones y sirven como antibiótico. Dicen que por andar de coqueto me reventaron unos fuegos en los labios.
– El remedio es la Equinácea, tendrás que llevar y hacer unas infusiones para tus calores.
– ¡Uy! Hay Frambuesas, nos conseguimos una cremita y nos damos un banquete.
– Espera, glotón, que vamos a llevar pero hojas de las Frambuesas para hacer brebajes de éstas, por que son muy buenos para los calambres.
– Y ésta tan delicada que está al lado del Lino, rodeada por el Anís, ¿cómo se llama?
– ¿Te refieres a su flor?
– Sí.
– Esa es la Flor de Azahar es la cura para esta época, hay que tomar su agüita para calmar el estrés y en las noches un tecito, te pone a dormir riquísimo.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe ser blanca
cuando es jazmín, morada cuando es lirio.
Sabe abrir el capullo
sin reservar dulzuras para ella,
a la mirada o a la abeja.
Permite sonriendo
que con su alma se haga miel.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe dejarse
coger por ti, para que tú la lleves,
ascendida, en tu pecho alguna noche.
Sabe fingir, cuando al siguiente día
la separas de ti, que no es la pena
por tu abandono lo que la marchita.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe el silencio;
y teniendo unos labios tan hermosos
sabe callar el “¡ay!” y el “no”, e ignora
la negativa y el sollozo.

¡Cuánto sabe la flor! Sabe entregarse,
dar, dar todo lo suyo al que la quiere,
sin pedir más que eso: que la quiera.
Sabe, sencillamente sabe, amor.

I

– Continuemos, aquellas son plantas de sombra.
– ¡Qué tal esas flores! ¿Cómo se llaman? ¿Cuál es su nombre?
– Esas son Clivias, son flores de color radiante, además florecen en el invierno, mira sus tonos naranjas, relajan y activan.
– ¿Y aquellas?
– Son Begonias, te mandan señales como estrellas.
– ¡Ah mira! Qué locura, me enamora. Y… sin ti no sé vivir.
– Todo eso te hace sentir.
– Estoy en trance.
– Dos Gardenias para ti.
– Ahora todas al sol. Una Caléndula y resplandece la Petunia, tres Geranios para regalarte un Jacinto.

¿Cómo vive esa rosa que has
prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en
el mundo
junto al volcán la flor.

II

Aquellas Ortencias, de tus sueños Camelias y de este lado de mi corazón las Rosas sin porqué de Silesius para mi amor.

I. Poema de Pedro Salinas
II. Poema de Gustavo Adolfo Bécquer

Créditos de la pintura: Palpitaciones Intactas, Carlos Jacanamijoy.

1 comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.