LXIII Edición: Temporada de lluvias

Tus últimos trazos

El miércoles 3 de noviembre se cumplirá un año de tu muerte. ¿Por qué te escribo si ya no podrás leer? La verdad es que no lo sé, pero en momentos como este la escritura me ayuda a manejar la ansiedad. Te escribo desde el Manzano, estamos P y M, mañana comeremos con J y C.

Hoy, C me preguntó -¿Crees que papá sabe que está muerto?, la verdad es que no supe que contestarle, entonces mejor me puse a escribir.

El otro día preparé ravioles rellenos de calabaza con piloncillo, anís y clavo, me ayudó S. Aún están en el congelador, yo creo que en la semana haré una cena en la casa, invitaré a G, a M, a P, a A, y a otros amigos.

Cuando terminaba de hervir los ravioles, me fui un rato a la sala ¿te acuerdas del sillón blanco junto a la ventana en el que te sentabas por las tardes? Bueno, allí pusimos tu último cuadro, aquél que pintaste en el lienzo que te compré en el Jardín de los Artistas, el que está atrás de mi casa. Cuando lo observé, me di cuenta de que esos fueron tus últimos trazos y no sé si sepas que estás muerto pero al ver tus trazos sé que sabías que estabas muriendo, y así como me dijiste -¡ve, que aquí no va a pasar nada!- Cuando veo tus últimos trazos, me gusta pensar que fue una manera de plantarte ante la muerte para decirle –¡ven, que aquí no va a pasar nada!-.

¡Te extraña!

Tu hijo.

Créditos de la imagen: Colección del autor, Francisco Robles Gil Daellenbach, sin título, septiembre 2020

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